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El agua en Monserrrat


Hace tiempo, cuando nació el barrio de Monserrat, la mayor parte de la población estaba carente de este preciado recurso.


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La gente se abastecía de agua por medio de pozos, aljibes o de aguateros que la llevaban en carros desde el río. Pero las aguas de pozos y aljibes estaban contaminadas y el agua del río era demasiada cara para la gente del pueblo.

El aguatero fue el personaje destacado de ese momento. Se valía de un carro tirado por bueyes, llevaba un tonel muy grande y las ruedas eran muy altas, lo que les permitía adentrarse en el río casi hasta la mitad de cada rueda. De esa manera llenaban sus barriles y volvían para poder vender el agua en galones. Ésta no era barata ni muy limpia. La gente compraba y la almacenaba en sus casas en tinajas de barro. La dejaban reposar para que se decante los desperdicios y luego le echaban alumbre para purificarla.

Una costumbre era ir al río para bañarse. En época cálida pasaban toda la tarde y al anochecer se metían al agua con unas enaguas para que no se vieran sus cuerpos. Las ropas quedaban al cuidado de las sirvientas negras. Después de bañarse se sentaban a comer sándwiches y a tomar vino y así disfrutar del aire fresco de la costa.

Con el paso del tiempo se construyeron aljibes en el patio de las casas. Pero eran muy costosos y los tenían las familias adineradas. Además tenían pozos de agua. El agua de aljibe era más pura. La usaban para beber y cocinar. En cambio, la del pozo la usaban para bañarse y el aseo de la vajilla y de la ropa.


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Durante el frío invierno porteño, los baños eran muy escasos y se utilizaban tinas que las esclavas llenaban con agua que calentaban en los fogones. El mismo agua era usada por toda la familia, comenzando por el padre, madre, hermanos (por edad) y luego hasta los criados!

La única “fuente de agua pública” con que contaba Buenos Aires para 1826 era “un pozo de balde” situado en la plaza Mayor, a un costado de la recova.

El primer servicio público para la provisión de aguas corrientes lo estableció una empresa de ferrocarril, la del Oeste, que para uso de sus locomotoras llevaba el agua por un caño desde la Recoleta a Lorea. La empresa hizo extensivo a los particulares los beneficios de este servicio el que por ley de 1871 paso del Ferrocarril a una comisión que fue origen de la Dirección de Obras Sanitarias de la Nación. En 1871 en la plaza Lorea ( actualmente Plaza de los dos Congreso o comúnmente llamada PLAZA CONGRESO ) se levantó una torre metálica (hierro fundido) de 30-43 metros de altura que sostenía un tanque con capacidad de un millón cien mil litros con que se servía de agua corriente a las 32.000 casas de la zona. El agua llegaba desde las bombas de la Recoleta situadas frente a la actual Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Durante casi dos décadas el depósito de Lorea presidió el abastecimiento urbano. La apertura de la Avenida de Mayo y la construcción del gran depósito de Córdoba y Riobamba tornó inútil este depósito desapareciendo en mayo de 1910.


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Desde ese entonces hasta la actualidad el agua llega a nuestros hogares a través de un servicio de red atendido por una empresa privada llamada AySA (ex Obras Sanitarias de la Nación).


¡Cuidemos el agua!
Video realizado por los chicos de 6 A